Los juegos de rol en mi vida

Hace un par de años redescubrí lo que era jugar al rol gracias a mi hijo. Volví a sentir la diversión que los juegos de rol me proporcionaron hace muchos años y he retomado esta afición de forma paulatina y sin excesos.

¿Cuándo descubrí los juegos de rol?

Corría el final de los ochenta y principios de los noventa. En primero de BUP me junté con unos de mi clase que decían que estaban jugando a rol y me animaron a participar. No tenía ni idea de qué era eso del rol, pero lo que me contaron sonaba bien.

Y me apunté.

Por entonces me encantaba dibujar y la mayoría de mis temas favoritos iban sobre fantasía en todas sus formas: épica, capa y espada, heroica, ya sabéis…

Como ya hacía dibujos a media clase para decorar sus carpetas, algunos debieron ver que yo sería un buen fichaje. Me gustaba el tema, tenía buena predisposición y, en todo caso, les serviría para darles lustre a las ilustraciones de sus personajes en las fichas XD

El caso es que lo pasé genial en aquellas primeras partidas de D&D de la caja roja. Jamás había jugado a algo parecido y el rollo ese de tener un tipo que iba relatando una historia y nos hacía partícipes a los demás de su desarrollo, me enganchó desde el principio.

Me acuerdo que un sábado nos fuimos a una de las entonces numerosas tiendas de cómics de Madrid, donde también vendían juegos de rol y miniaturas.

El colono
1,49 €
Formato digital
Género ciencia ficción - space opera
Unas 150 páginas
Superviviente
1,49 €
Formato digital
Género postapocalíptico
Más de 600 páginas
El poder
0,99 €
Formato digital
Género comedia romántica fantástica
Cerca de 50 páginas

Nuestro Master de entonces quería comprarse las reglas avanzadas para seguir expandiendo nuestras aventuras.

Yo, ingenuo de mí, pensaba para mis adentros hacerme con una de aquellas maravillosas cajas de colores de las distintas categorías de reglas. Al menos la roja, la más básica, que me encantaba.

Pero cuando vi el precio y lo que llevaba en el bolsillo (después, además, de ahorrar todo lo que pude) tuve que desechar la idea. De hecho, no me llegaba el presupuesto ni para una miniatura de plomo de las pequeñas. Así era de triste mi situación económica de entonces.

El otro chaval, que evidentemente no tenía mis problemas monetarios, no sólo se llevó una caja negra de reglas avanzadas de D&D sino que arrampló también con varios cómics y alguna miniatura.

Y es que siempre ha habido clases.

Toma mi dinero
Mi antiguo «Master» pidiendo aquel día en la tienda de cómics.

En fin, que pasamos un tiempo jugando a D&D y más tarde me junté con otra gente que también jugaba al mismo juego, sólo que estos eran, ¿cómo decirlo? ¿Más caóticos?

En el primer grupo que estuve el Master se lo tenía todo preparado y se sabía las reglas de la A a la Z. En el nuevo, bueno, digamos que hubo muchísima improvisación.

Sin embargo, lo que me reí en aquellas sesiones no lo había vivido jamás con el otro grupo más «profesional». Había muy buen rollo y todo nos lo tomábamos a broma. Menos mal que no había ningún jugador serio de los de «manual», si no lo hubiera pasado mal.

Tal y como relaté en la entrada de mi cómicteca, por entonces también me juntaba con gente del Insti en una tienda de cómics de mi localidad y allí también echábamos alguna partida de rol cuando se terciaba. El dueño era un tipo muy enrollado y sabía que para vender cómics tenía que atraer a su público objetivo: ergo la chavalería. Así que nos daba todas las facilidades para que aquel espacio fuera un buen lugar de encuentro.

Allí se jugaba sobre todo a «Los mitos de Cthulhu» y «Stormbringer«. Yo jugué algunas veces al primero, pero no al segundo. De hecho, como no jugaban a D&D, tampoco es que participara mucho, pero me gustaba ver cómo lo hacían y, sobre todo, curiosear por la tienda y hablar con los del Insti.

He de reconocer que yo siempre he sido de Dragones y Mazmorras (como se decía entonces) y que ni siquiera he mirado hoy en día a la competencia de Pathfinder para ver si tienen un producto mejor. Para eso soy muy «corporativista» :)

Aprovechando una oferta en aquella misma tienda, hasta me llegué a comprar mi primer juego de rol.

Este no era ni más ni menos que el juego de rol del Príncipe Valiente. Por aquel entonces sacaron una colección del personaje de Hal Foster y yo empecé a hacerla, aunque de nuevo la falta de dinero me hizo abandonarla a los pocos números. El caso es que me gustaba mucho el tema y justo salió aquel manual.

Este juego de rol era súper fácil de jugar. De hecho, se jugaba con monedas y no con dados. Y era muchísimo más barato que comprar los tres manuales de D&D, que ya empezaban a circular sustituyendo a las diferentes cajas de la primera edición.

Lamentablemente, sólo llegué a echar una partida con mis colegas del barrio, pero estuvo divertida aunque a estos no les iba mucho esto del rol por lo que desistí de organizar más sesiones. Lo bueno es que sigo teniendo aquel libro y dentro de este están las fichas que se hicieron en su momento. Es una risa verlas hoy en día.

Tras aquel último intento, los juegos de rol se acabaron para mí.

Hasta que los volví a descubrir muchos años después.

Juego de rol El Príncipe Valiente
Este es mi ejemplar del Juego de rol El Príncipe Valiente, de la desaparecida editorial JOC. Está muy bien conservado.
Fichas del Juego de rol El Príncipe Valiente
Esas míticas fichas del Juego de rol El Príncipe Valiente que hice con los amigos del barrio. Si miráis bien, veréis el escudo de armas de un atlético XD

El (re)descubrimiento casi veinte años después

En realidad este renacer se produjo cuando mi chavalote, que ahora tiene 10 años, apenas llegaba al año.

No, no me puse a jugar con un bebé a rol. Entre otras cosas porque se podría comer los dados y hay que ser responsable ;)

La mítica caja roja de Dungeons & Dragons (o eso creía yo)

Fue un día, en una gran superficie comercial, cuando buscándole un juguetito para bebés, me puse a pasear por aquella hasta entonces desconocida para mí sección de juguetes.

Fui curioseando para ver lo que se me venía encima y ahí fue cuando me topé con la zona de juegos de mesa y lo poco, poquísimo, que tenían de juegos de rol.

Y ahí estaba: la CAJA ROJA de Dungeons & Dragons.

No me lo podía creer. ¿Todavía existía?

Tenéis que tener en cuenta que yo hacía casi veinte años (hasta ese momento) que no había sabido absolutamente nada de los juegos de rol.

Por eso mi ingenuidad.

En realidad, no se trataba de la caja roja de D&D de la edición original, sino que se era una caja de inicio para la cuarta edición del juego de rol más antiguo y conocido del mundo, como suelen alardear.

En fin, en ese momento yo no lo sabía. Pensaba que era un reedición de la original. Por cierto, si la hicieran ya os digo que no sería mala idea porque la venderían a espuertas entre los coleccionistas y nostálgicos.

Yo, desde luego, la compraría. Si fuese exactamente igual a la que sacó Dalmau en su momento, claro.

Caja roja de Dungeons & Dragons en la edición española de Dalmau
Caja roja de Dungeons & Dragons en la edición española de Dalmau de los ochenta. Yo, al igual que la mayoría de los que jugábamos a rol en aquella época, tirábamos de fotocopias y esta caja no la vimos ni en pintura.

El caso es que compré aquella caja de inicio porque siempre la había querido tener, pero en su momento era muy cara y yo siempre estaba pelado de dinero como ya debéis saber. No es que fuera pobre, pero desde luego me costaba horrores comprar cualquier cosa con mi exigua paga semanal.

Prosigamos.

Sabía que no iba a jugar con nadie, por supuesto. Pensaba dejarla como objeto de coleccionista o algo así.

Total, que llegué a casa más feliz que una perdiz sólo para encontrarme con algo que me era totalmente desconocido. Menos mal que tampoco es que costara muy caro, así que le eché un ojo y la guardé, chafado por no encontrar el contenido que esperaba de mis tiempos roleros.

Años después, creo que siete u ocho, cuando mi peque tenía esa edad, saqué la caja roja de la cuarta edición para enseñársela, ya que le gustaban (y le gustan) los mundos de fantasía, y alucinó con ella. Con los troqueles, las cartas, fichas, el mapa… y sobre todo aquellos dados de rol que jamás había visto.

¿Sabéis que cara pone un niño al descubrir un dado de 20? Eso no se paga con dinero :)

Como le vi tan ilusionado, me tuve que poner las pilas y estudié aquella edición que no me sonaba de nada de mi época dungeonera. Tiempo después me enteraría de que aquella cuarta edición había sido una cagada de campeonato de Wizard of the coast (la empresa propietaria) y que los aficionados a D&D echaban pestes sobre ella.

Y qué queréis que os diga, pero como no conocíamos otra cosa, la verdad es que esa caja la disfrutamos mucho. Los dos jugábamos bastante y nos inventábamos aventuras no muy complicadas pero divertidas. Vamos, que nos gustó.

Caja roja de la cuarta edición de Dungeons & Dragons en la edición española de Devir
Caja roja de la cuarta edición de Dungeons & Dragons en la edición española de Devir. Yo me lo he pasado bien con esta caja, aunque reconozco que los de marketing fueron muy listos (y ladinos).

De hecho, mi chaval se lo pasaba en grande haciendo de Dungeon Master. Sí, ahí lo teníais, con apenas ocho años haciendo de master. Y no sólo eso, si no que ¡¡¡creó su propio juego de rol!!! Como lo veis.

Se llamaba Dungeons & Gnomog (pendiente de patente) y todavía lo tiene guardado en su armario, junto con un bestiario que también hizo para su juego. Supongo que ya sabía que lo mejor es ir sacando productos poco a poco ;)

Un día os prometo que haré una entrada con fotos porque está muy gracioso y llegamos a jugar unas cuantas partidas con él siempre de Master.

El paso a Dungeons & Dragons 5ª edición

Como vi que nos iba bien con aquella caja de inicio me puse a indagar por la Red qué más había para expandir aquellas limitadas reglas y a ver si había algún módulo como los que jugaba antaño para darle más chicha a nuestras partidas.

Es ahí cuando descubrí que desde hacía unos años estaba la quinta edición de Dungeons & Dragons y que, en contra de lo que pasaba con la edición anterior, esta sí tenía el beneplácito de gran parte de la comunidad dungeonera.

Lo mejor de esta edición, según leí, es que era más simple y más rolera. Y eso era justo lo que quería.

Como vi que la editorial Edge estaba traduciendo los manuales y algunos módulos, me animé a hacerme con ellos. Eso sí, poco a poco. Los Reyes son un buen momento para ello, o en la Feria del Libro de Madrid, que le aplican un descuento. Y así lo hice.

Cuando ya tenía los manuales también me hice con la caja de inicio, que estaba a muy buen precio y tenía una aventura más que decente para empezar.

Fue el año pasado cuando me estrené como Master en una mesa con seis personas más. Aunque he de decir que la mitad eran niños.

Nos fuimos a pasar el puente de los Santos a la casa de mis padres en León, con una pareja de amigos y sus dos hijos, y como era noviembre y allí por la tarde ya hace mucho frío, ¿qué mejor momento que echar una al D&D con un montón de patatas fritas, refrescos y niños entusiasmados?

Lo pasamos genial y todos se divirtieron mucho. Salvo mi hijo, todos los demás, incluida su madre, jamás habían jugado a rol. Y, bueno, empezamos la campaña de «La mina perdida de Phandelver» y ahí se ha quedado de momento, porque es difícil quedar para jugar a no ser que nos vayamos unos días a algún sitio de nuevo todos juntos.

A día de hoy he empezado la campaña de la «Maldición de Strahd» con mi chavalote. Nos hemos creado fichas nuevas de cuatro aventureros. Él lleva dos y yo los otros dos, además de hacer de Master. Es un poco lío estar manejando las reglas, además de una maga elfa y un enano clérigo, porque al niño no le gustan los personajes con magia y me toca a mí lidiar con ello.

Pero lo pasamos bien, que es lo importante y estamos un buen rato juntos jugando a algo que no sale de una pantalla, lo cual además es muy sano para la mente :)

Interacciones del lector

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