Una mujer en Berlín (reseña)

Me gusta leer libros sobre historia militar, sobre todo de la Segunda Guerra Mundial, lo que puede parecer chocante y paradójico si os digo que soy un pacifista convencido y que detesto cualquier tipo de guerra.

Me ponen de los nervios los desfiles militares que echan en la tele y no soporto nada que tenga que ver con los ejércitos de hoy en día. Pero me gusta la historia, qué se le va hacer.

En el libro de Anthony Beevor, sobre la caída de Berlín, me quedé sobrecogido al leer los escalofriantes datos que nos daba el escritor británico sobre el número de mujeres alemanas violadas durante aquella última ofensiva soviética: casi dos millones de mujeres violadas, la mayoría en Prusia oriental.

Portada de la novela Una mujer en Berlín
Portada de la novela Una mujer en Berlín.

Para poder comprender el porqué de esta aberración, por parte de las tropas del ejército rojo, hay que situarse en el contexto histórico.

Resumiendo mucho, les diré que la apisonadora de la Wehrmacht alemana y las siniestras unidades de las Waffen-SS, invadieron la Unión Soviética en 1940 y cometieron todo tipo de atrocidades a la población civil y a los prisioneros que iban haciendo del Ejército Rojo.

Murieron centenares de miles de personas a consecuencia de los desmanes de los alemanes, alentados por la paranoia nazi que veía en los rusos a su enemigo por antonomasia y a los que tenían por poco más que unos animales.

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Así murieron ingentes cantidades de soldados, mujeres, niños y ancianos soviéticos en un arrollador avance donde la palabra carnicería cobraría un nuevo significado.

A partir de 1943 se cambian las tornas y los rusos empiezan a hacer retroceder a los alemanes. Cuando en 1945 llegan a la misma Alemania, las tropas soviéticas van a desquitarse por lo sufrido.

Novela no tan anónima

Me recomendaron «Una mujer en Berlin» por el realismo que destilaban sus páginas y por la visión que da una civil de aquel funesto episodio de la guerra.

Hace poco leí este libro sobre lo acontecido a la población civil de Berlín cuando los soviéticos llegaron a la ciudad en abril de 1945, poniendo casi punto final a la Segunda Guerra Mundial en Europa.

En realidad, trata de la población femenina y, concretando aún más, sobre los avatares de una mujer.

Es un relato, en forma de diario que abarca desde el 20 de abril hasta el 22 de junio de 1945, comprendiendo los primeros y brutales días de ocupación soviética hasta la «normalización» de la situación, dentro de lo desastrosa de la situación en la que se encontraba una ciudad en ruinas, llena de gente hambrienta y aterrada. 

Fotograma de la película "Una mujer en Berlín", de   Max Färberböck . 2008.
Fotograma de la película «Una mujer en Berlín», de Max Färberböck. 2008.

Es una historia real de una mujer anónima que vivió aquella época con una entereza que puede sorprendernos hoy en día.

Digo anónima porque así se publicó al principio. Luego se supo que había sido escrita por Marta Hillers, una periodista alemana que sufrió realmente todo aquello. La censura se cernió de inmediato ante tal publicación para no molestar a los rusos y el libro no fue publicado de nuevo hasta la muerte de la autora.

En fin, la protagonista sufrirá los primeros tres días de la invasión soviética; los peores porque, como ella se queja amargamente en el libro, los propios mandos alemanes les dejaron los almacenes de bebidas alcohólicas prácticamente intactos.

Eso, según estos, serviría para que las sedientas tropas rusas se emborracharán y frenaran su avance.

No sirvió de mucho, pero sí que les vino bien para tener a una riada de soldados ebrios que, con la excusa del alcohol, se liberaron de sus reticencias morales y violaron a toda mujer que se les ponía por delante, sin importar edad ni condición.

La autora dirá que los «ivanes» eran incapaces de hacerle algo a una mujer sin estar bebidos. Simplemente porque, según esta, tenían a las alemanas en un altar.

Ellos se sentían acomplejados y necesitaban estar borrachos para cometer aquellos crímenes

Curiosamente, los soldados rusos de vanguardia, los que luchaban contra los focos de resistencia alemanes, serán los que menos ultrajen a las mujeres.

Están demasiado cansados para ello y no tienen tiempo más que para salvar la vida. Serán las tropas de retaguardia, los que vienen detrás en cómodos transportes, los que lleven el peso de la represión.

La protagonista anónima es una mujer atractiva, de treinta años, así que es de esperar que corra la misma suerte que las demás mujeres.

Ella es muy pragmática y sabe que tendrá que pasar por aquello, así que prefiere hacerse la favorita de algún oficial y al menos no tener que sufrir las violaciones repetidas y a discreción de la soldadesca.

Leeremos la cruda realidad de todo eso, además de las paupérrimas condiciones de vida de los berlineses, que al final de la guerra les tocaba sufrir tanto como los demás pueblos de Europa habían tenido que vivir en sus carnes bajo el yugo alemán.

La autora anónima también se dará cuenta de ello: los alemanes no fueron precisamente unos conquistadores benévolos. Ahora sólo les toca esperar a que la marea rusa se canse y empiece a imperar la normalidad.  

La autora es fuerte, a veces parece que no tiene sentimientos, pero sí que los tiene. Pero no puede permitirse el lujo de derrumbarse. El hambre aprieta y debe conseguir su sustento.

A pesar de lo que pudiera parecer, por lo que les he contado, no hallarán muchos lamentos en esta obra. Todos los habitantes de Berlín parecen saber lo que se les viene encima y las mujeres, en especial, parecerán resignadas a su funesto destino. Entre ellas hablaran de todo aquello casi sin rubor.

Ha sido un texto que me ha impresionado. Escrito de una forma estremecedora, no cae en sentimentalismos y llama a las cosas por su nombre.

En 2008 hicieron una película de este libro. No lo sabía y espero verla porque quiero saber cómo han reflejado todo ese duro ambiente del libro. Esa atmósfera de no hay esperanza, de supervivencia y de fatalismo.

Es un libro altamente recomendable, pero ojo, les aviso de que no es una lectura agradable.

Después de leerlo es inevitable que nos apetezca leer algo más ligero para no quedarnos con la sensación, por otra parte normal, de que la humanidad no tiene remedio.

Interacciones del lector

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